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Después de Tabanera de Valdavia ya no hay más.
La carretera se detiene aquí. Una buena carretera. Luego está el monte. Los
pinares. Los campos. Luego, al final de la cuesta y las casas, sólo el
camino a la ermita.
El sendero muere en este lugar, donde justo despega el río Avión, para volar
a ras de suelo por el valle, en busca de la vecina Ayuela.
Probablemente esta circunstancia, la de no ser lugar de paso, haya
contribuido a que el proceso de despoblación se haya agudizado todavía más
en Tabanera, donde actualmente residen de continuo medio centenar de
personas.
Sólo en verano, o coincidiendo con las fiestas septembrinas de la Virgen de
Rabanillo, la localidad vuelve a recuperar un cierto bullicio por sus
rincones, especialmente en la celebración de la romería a la ermita, donde
la tradición manda subastar los brazos de la Virgen, el Niño y la Pendoneta.
Este año, además otro motivo ha servido para congrega, en el pueblo al
personal. Por primera vez alguien nacido en Tabanera de Valdavia cumplía
cien años. Serafín Martín Marcos, a quien el ayuntamiento rendía este pasado
sábado un merecido y entrañable homenaje.
Es una de las peculiaridades de esta localidad, en la que muchas de sus
casas no comparten pared medianera. Lejos de tener relación con una cuestión
de intimidad, la explicación llega del pasado eminentemente ganadero del
pueblo, donde la estructura de la vivienda reservaba la zona baja para las
cuadras.
Al amanecer, las vacas salían a pastar. Los pasadizos entre las casas
permitían un acceso rápido y sencillo a los prados cercanos al casco urbano.
Actualmente la actividad productiva en Tabanera se centra en cinco
explotaciones agrícolas, tres de ellas combinadas con algo de ganadería de
ovino y novillos de engorde.
También es peculiar el arco que atraviesa los pies de la torre de la iglesia
de Santiago Apóstol, o la puerta del cementerio, flanqueada por sendos
escudos nobiliarios, que alguien pretendió sin éxito comprar una vez.
La carretera termina aquí. Una buena carretera que conduce a la tranquilidad
de este pueblo con fama de albergar una muy buena convivencia entre sus
vecinos. Los más jóvenes, y los que llegan, como si nada, a los cien.
Texto: José Luis de Román González. |